2do Capitulo. Leonor.

12 06 2008

 

Su tía se iría y ella quedaría sola de nuevo eso no era nada justo, se sentó detrás de un arbusto, el lugar donde le gustaba leer, se abrazo de sus piernas e inclino la cabeza no quería pensar en nada.

Se empezó a escuchar ya movimiento en el castillo, el colegio había despertado.  

15 minutos después había llegado alguien al patio Pandora escucho sus pasos pero no se movió.

-¿Pandora? Estas aquí.

Era su tía que hacia levantada en su estado,  pronto reacciono y se levanto.

-Ti… Tía que haces no deberías estar levantada…

-Sabia que aquí estarías, este siempre a sido tu lugar favorito verdad… -lo dijo con una sonrisa en la boca y sin mirarla – también era el de tu madre le gustaba venir aquí esconderse detrás de algún arbusto y pasar horas leyendo,  escribiendo e incluso tomar una siesta.

-Lo se, es por eso que me gusta tanto, aquí me siento cerca de ella… este lugar, Beauxbatons es muy importante para mi y lo sabes… lamento haberte gritado y lanzado el frasco a la pared pero es que yo no quiero irme no es…

-Justo, lo se pero es lo mejor, recuerda  tu padre estudio en Hogwarts o acaso lo olvidaste.

-No creas que eso me convencerá, se que mi padre hiso sus estudios hay y que es un de los tres mejores colegios, aun así yo…  es una tradición familiar todas las mujeres  estudian aquí, como puedes hacer esto tu que siempre has respetado nuestras tradiciones… ademas que pasara con la villa y los señores Dubertran y…

-No debes preocuparte por la villa –La interrumpió como si no le hubiese importado lo que acababa de decir – estará bien, el Señor y la Señora Dubertran cuidaran de ella hasta que tu puedas tomar posesión de todos los bienes de la familia Vates al cumplir la mayoría de edad, ya que después de mi muerte heredaras todo, nunca deberás preocuparte pon el dinero serás una joven muy rica, pero hasta entonces todo será administrado por tu tío.

-Tía yo… – el dinero era lo menos que le importaba.

-Silencio Pandora, se que no quieres hablar sobre esto pero es inevitable, yo… siento que mi tiempo aquí acabara pronto y quiero dejarlo todo listo para poder irme en paz, todo esta decidido y arreglado  se que tu tío cuidara bien de ti y seguirá enseñándote como yo para que te convierta en una de las Brujas mas grandes del mundo como debe serlo una Vates.

La chica lloraba en silencio mirando al piso, su tía se acerco a una banca cercana y se sentó.

-Ven aquí quiero darte algo.

Pandora no había notado que su tía llevaba un libro en la mano derecha se acerco a ella y se sentó.

-Este libro que ves aquí era el diario de tu madre – Pandora se sorprendió no sabia que su madre hubiese escrito un diario – empezó a escribirlo el día que entro a Beauxbatons hasta el día en que… murió, tenia planeado dártelo cuando cumplieses 15 pero… tómalo.

Lo tomo quería empezarlo a leer en ese mismo instante.  Lo abrazo como si en vez de un viejo diario fuese a su madre a quien la chica estrechaba entre sus brazos.

-Y hay algo mas… -Sofía metió su mano en el bolsillo de su túnica – Dame tu mano.

Ella obedeció y la extendió. Puso en su mano una cadena con un dije: una piedra negra que al tocar su mano tomo una tonalidad verde luego volvió a su antiguo color, era algo pesada  y tenia un grabado en un lenguaje que no entendía, ya lo había visto antes pero no recordaba de donde.

-Era de tu madre y antes de ella le perteneció a tu abuela y antes de ella a tu bisabuela y a pues así seguiríamos por un buen rato, muchas generaciones atrás de ti lo han tenido, y ahora es tuyo. Esto de aquí Pandora no es un dije normal, recuerdas la historia que solía contarte de pequeña, la que siempre me pedias

-hace mucho que no pensaba en el, el de La  hechicera Leonor.

-Si, esa misma la recuerdas bien.

La chica asintió. Lo había olvidado era su historia favorita, así había nombrado a la primera y ultima muñeca que le habían regalado sus padres.

-Una bruja muy inteligente que un día encontró una forma de crear un amuleto para… – no, no podía ser que este amuleto fuese el de aquella historia volteo a ver a su tía con los ojos muy abiertos – Este es… no, no puede ser esa es solo una historia un cuento infantil…

-Tú desciendes de ella de la hechicera  Leonor, este amuleto te pertenece desde el momento en que fuiste concevida, ¿recuerdas que decía la historia sobre el amuleto Pandora?

La chica estaba atónita  todo pensamiento que no fuese sobre ese cuento había desaparecido y solo podía concentrarse en una sola cosa, el dije que tenia en su mano.

-El dueño de este amuleto no debe temer, ni al más mínimo hechizo o a la más terrible maldición  absorbe  toda clase de hechizo o maldiciones lanzadas al poseedor, un amuleto de protección para quien lo posea  pasado de generación en generación a la primogénita  de la familia de Leonor…

Cuantas veces Pandora había soñado y deseado  tener  ese amuleto en sus manos y ahora era suyo.

- Es algo maravilloso este amuleto verdad – dijo Sofía al ver a su sobrina como lo admiraba -pero también tiene su lado obscuro. Como sabes este tipo de cuentos suelen ser deformados a través de los años hasta convertirse en solo leyendas y cuentos para dar llegar a alguna moraleja sobre la amistad, valor, amor, etc, etc. Muy pocos saben la razón de por que solo las mujeres pueden hacer uso de el, ¿o nunca te lo habías preguntado?  O que no solo se pasa de generación a generación hay otras maneras de obtenerlo, bueno mejor te cuento la verdadera historia, que te parece, la verdadera historia de Leonor y su dije.





Breve relato de Los Merodeadores. Por J.K. Rowling.

12 06 2008
Merodeadores

Merodeadores

 

Por fin lo que todos esperabamos, el relato de J.K. Rowling  sobre dos de los merodeadores por fin podremos leerla, asi que aqui se las paso.

Esta historia sucede tres años antes del nacimiento de Harry. Jo nos dice:

“Aunque al sentarme a escribir me senti un poco como un drogadicto que decae (las palabras brotaban de de mi pluma con una facilidad que me asustaba)… “

 

La motocicleta de carreras tomó tan rápido la curva afilada en la oscuridad que ambos policías del coche de la persecución gritaron: “¡Guau!”. El Sargento Fisher apretó su largo pie en el freno, creyendo que el chico que montaba en el asiento de atrás de la moto volaría bajo sus ruedas. Sin embargo, la moto siguió sin arrojar a ninguno de sus ocupantes, y con un pestañeo de su luz roja trasera, desapareció en la estrecha calle de al lado.
-¡Ya les tenemos! -exclamó con excitación el capitán de policía Anderson-. ¡Esto es un callejón sin salida!
Tomando el volante con determinación y haciendo crujir la maquinaria, Fisher rayó la mitad de la pintura de la chapa del coche en el intento de perseguirlos por el callejón.
Los dos pasajeros estaban atrapados entre una pared de ladrillo y el coche de la policía, que ahora se acercaba hacia ellos como un depredador gruñón de ojos luminosos.
Había tan poco espacio entre las puertas del coche y los muros del callejón que Fisher y Anderson habían salido con dificultad del vehículo. Dañó su dignidad tener que medir pulgada a pulgada, como si se tratasen de cangrejos. Fisher arrastró su generosa panza por el muro, arrancando botones de su camisa por el camino, y finalmente descolocando el retrovisor con su parte trasera.
-¡Bajad de la moto! -bramó a los jóvenes que sonreían con insolencia, que se habían sentados con la luz azul parpadeante como si disfrutasen con ello.
Lo hicieron como se lo habían mandado. Después de librarse del espejo retrovisor roto, Fisher les miró con ferocidad. Parecían tener unos dieciocho años. El que había estado conduciendo tenía una melena larga y negra. Su buen aspecto insolente desagradablemente le recordó a Fisher al novio guitarrista y holgazán de su hija. El segundo chico también tenía cabello negro, aunque era corto e iba en todas las direcciones. Llevaba gafas y una ancha sonrisa. Los dos vestían camisetas con un gran pájaro dorado estampado; un emblema, no había lugar a dudas, de alguna banda de rock sin ritmo y ensordecedora.
- ¡No lleváis cascos! -gritó Fisher, señalando la cabeza desprotegida de uno de ellos-. Excediendo el límite de velocidad con una considerable cifra -(de hecho, la velocidad registrada había sido mayor que la que Fisher estaba preparado para aceptar de una moto que pudiese viajar)-. ¡Ignorar la detención de la policía!
-¡Nos encantaría detenernos para conversar! -dijo el chico con gafas-. Solo intentábamos…
-No te hagas el listillo. ¡Los dos estáis metidos en un buen lio! -gruñó Anderson-. ¡Nombres!
-¿Nombres? -repitió el conductor de cabello largo-. Er… bueno… déjame ver. Está Wilberforce… Bathsheba… Elvendork…
-Y lo que es bonito sobre ese es que puedes usarlo tanto para chico como para chica -dijo el chico con gafas.
-Oh, ¿te refieres a nuestros nombres? -preguntó el primero-. Deberías habérmelo dicho. Éste de aquí es James Potter, y yo soy Sirius Black.
-Las cosas se van a poner verdaderamente negras para ti en un minuto, pequeño descarado…
-Pero ni James ni Sirius estaban prestando atención. De repente estuvieron tan alerta como perros de caza, mirando más allá de Fisher y Anderson, sobre el techo del coche de policía, en la boca oscura del callejón. Entonces, con movimientos idénticos y fluidos, se llevaron la mano a sus bolsillos traseros.
En el espacio de un latido los dos policías imaginaron pistolas saliendo de ellos, pero un segundo después descubrieron que los motoristas no habían sacado otra cosa que…
- ¿Baquetas? -preguntó Anderson-. Sois un par de bromistas, ¿verdad? Está bien, quedáis arrestados bajo los cargos de…
Pero Anderson nunca llegó a decir los cargos. James y Sirius habían gritado algo incomprensible, y los haces de luz del coche se habían movido.
Los policías dieron una vuelta a su alrededor, después miraron a sus espaldas. Tres hombres estaban volando -realmente volaban- en el callejón sobre escobas. Y al mismo tiempo, el coche de policía estaba encabritado sobre sus ruedas traseras.
Las rodillas de Fisher cedieron; cayó sentado. Anderson tropezó con las piernas de Fisher y cayó encima de él, mientras oían flump-bang-cruch escucharon a los hombres de las escobas chocar contra el coche y caer, aparentemente inconscientes, en el suelo, mientras trozos de escoba caían a su alrededor.
La moto había vuelto a rugir de vida de nuevo. Con la boca abierta, Fisher miró atrás para ver a los dos adolescentes.
-¡Muchas gracias! -le dijo Sirius sobre el ruido de la maquinaria-. ¡Os debemos una!
-Sí, ha sido un placer conoceros -dijo James-. Y no lo olvidéis: ¡Elvendork! ¡Es unisex!
Hubo un crujido que sacudió la tierra, y Fisher y Anderson se abrazaron el uno al otro de miedo; su carro acababa de caer de nuevo al suelo. Ahora era el turno de la moto de rugir. Antes de que los policías diesen crédito a lo que veían sus ojos, surgió en los aires: James y Sirius desaparecieron en el cielo nocturno, con la luz trasera parpadeando detrás de ellos como un rubí que desaparecía.

Gracias a HarryLatino por la traduccion.